El doble desafío de la Formación Técnica

El doble desafío de la Formación Técnica

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Por: Trinidad Lacámara Beltramín / Gerente de Ciudadanía Corporativa de Samsung Electronics Chile.

Existe amplio consenso en la importancia de la formación técnica para nuestro país. De acuerdo a un reporte del BID acerca de la Educación Técnico Profesional (ETP) en Chile, lograr “una ETP de calidad, pertinente e integrada, que promueva el aprendizaje a lo largo de la vida, con retornos privados y sociales esperados altos, puede no sólo ser un motor de desarrollo productivo sino también, tener un rol redistributivo y contribuir a la movilidad e inclusión social. Lograr una ETP que alcance dichos objetivos es un reto impostergable para la política pública”.

En ese sentido, el Presidente Sebastián Piñera en la cuenta pública enfatizó en que hay un desafío importante: mejorar la educación técnico-profesional, a nivel escolar, creando liceos de Excelencia Técnico-Profesionales, y a nivel superior, potenciando los Centros de Formación Técnica e Institutos Profesionales, transformándolos en instituciones de calidad y articulados con el mundo productivo.

Evidentemente, no es fácil implementar una educación de calidad y en el caso de la educación técnica, la dificultad es aún mayor, ya que ésta debe evolucionar y adaptarse rápida y continuamente a la cambiante realidad del sector productivo.

Y el vertiginoso desarrollo de las tecnologías de información y comunicación está cambiando a una velocidad sin precedentes el sector productivo, en el marco de lo que se ha denominado la cuarta Revolución Industrial. Hoy más que nunca se hace necesario formar a técnicos que sean capaces de desenvolverse con soltura en este mundo tecnológico, lo cual ayudará a paliar el reconocido y alarmante déficit de capital humano en el sector TIC.

Es importante reconocer que el Mineduc, hace cinco años, realizó una reforma curricular que redujo de 46 a 34 las especialidades de la Educación Media Técnico Profesional (EMTP). Dentro de esta reforma se actualizaron perfiles y competencias. Además, se incluyeron especialidades nuevas tales como la Programación.

Sin embargo, de los cerca de 1.600 liceos TP, son sólo un puñado los que están dictando esta nueva especialidad. Las cifras del anuario “Estadísticas de la Educación 2016” mostraban que 251 alumnos estaban cursando esta especialidad en dicho año, lo que representaba sólo un 0,2% de los más de 150.000 alumnos de EMTP en Chile. La información (no oficial) de la que disponemos es que dicha cifra ha aumentado en unos pocos cientos, pero sigue representando un porcentaje ínfimo.

En otras palabras, estamos formando a miles de técnicos para los sectores agrícola, marítimo, para la minería y el comercio, entre otros, pero tan solo a un par de centenares de programadores. Incluso especialidades como Secretaría y Vestuario y Confección Textil tienen más alumnos matriculados.

En este sentido planteamos que la formación técnica enfrenta un doble desafío: aumentar la matrícula en especialidades del ámbito TIC y asegurar a esos estudiantes una formación de calidad.

Respondiendo a este desafío, Samsung y la Fundación País Digital están, desde 2015, fomentando las vocaciones relacionadas a la programación a través de los Clubes de Apps. A través de esta instancia de formación, miles de alumnos de educación básica han tenido la oportunidad de acercarse a la programación, diseñar sus propias Apps y por esta vía, descubrir una línea vocacional que ni imaginaban.

Por otro lado, a través de las Academias de Apps, estamos complementando la formación que reciben los alumnos que han elegido la especialidad de programación. Este año estamos beneficiando a seis  liceos que ya imparten la especialidad de Programación, enseñando a sus alumnos no sólo a dominar la programación de Apps con los lenguajes actuales, sino que también ayudándoles a desarrollar habilidades blandas y conectándolos con el ecosistema de la industria.

Varias otras organizaciones están haciendo esfuerzos similares, complementando las voluntades y fondos del sector privado y la sociedad civil, con el esfuerzo que lidera el Ministerio de Educación. Es así como se ha conformado un importante esfuerzo público-privado que, sin duda, va en la dirección correcta. Sin embargo, el llamado es a acelerar el paso, a que más organizaciones se sumen para ayudar a que Chile resuelva con éxito este doble desafío de la formación técnica.

 

Más allá de la infraestructura y la tecnología

Más allá de la infraestructura y la tecnología

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A estas alturas, constituye un lugar común decir que la infraestructura de telecomunicaciones representa la base angular para el desarrollo digital de los países. A raíz de lo mismo, cada vez tiene mayor impacto y relevancia en el crecimiento económico y social de Chile, debido a la penetración que las tecnologías están teniendo en los procesos productivos, situación que acarrea eficiencias y beneficios al gobierno, las empresas y, en general, a la comunidad.

Por su parte, también resulta consensuada la opinión que Chile ha transitado por un camino de éxitos en la industria de las telecomunicaciones, habiéndonos adelantado en varios procesos regulatorios y transformándonos en referentes de Latinoamérica y el mundo, como lo fue el multicarrier, la ley de neutralidad de internet o la entrega del espectro para 4G. Asimismo, hemos creado las condiciones económicas y jurídicas que han permitido la generación de competencia por redes y, en la última década, de competencia por calidad de servicio. En razón de lo anterior, gozamos de altos niveles de penetración en telefonía móvil y de acceso a internet, situación que devela una relación virtuosa entre el desarrollo de la industria propiciada por la Subtel y ejecutada por los privados, siendo parte relevante del motor de desarrollo de Chile.

Sin embargo, nuestra deuda sigue siendo un asunto de equidad social. Aún cuando tenemos buenos índices de cobertura de telecomunicaciones, todavía existe un número importante de hogares que no disponen de acceso a internet, los que generalmente se encuentran en las zonas más aisladas, geográficamente más difíciles de alcanzar y, por ende, donde se requiere mayor inversión.

Actualmente, un 15% de los hogares no cuenta con banda ancha, fija o móvil, mientras que aproximadamente un 40% no tiene cobertura de redes de alta velocidad (modem cable o fibra óptica), ya que existen zonas desatendidas, principalmente en comunas de bajos ingresos, zonas rurales y aisladas en donde la inversión privada es más compleja. El contrapunto lo tenemos en las zonas urbanas de mayores ingresos, en donde contamos con una variada oferta de redes y tecnologías. Esta realidad impone un reto que implica tomar decisiones políticas y económicas, puesto que requiere profundizar la alianza entre el Estado y los operadores de telecomunicaciones, pero esta vez no para llegar al público masivo (actividad obvia en una industria en crecimiento), sino para proveer de acceso a todos los hogares de Chile, independientemente del lugar en que se encuentren.

Esta tarea se basa en la convicción que el cierre completo de la brecha digital forma parte de una política de inclusión, probablemente de las más relevantes del último siglo, motivado por los múltiples beneficios que el uso de internet genera en la sociedad. La experiencia internacional ha demostrado que es necesario hacerse cargo de la revolución digital y que el Estado debe actuar para la promoción y desarrollo de una economía digital, dependiendo su grado de injerencia de cuánto le esté permitido intervenir. Dado el marco constitucional que nos rige, es necesario que genere las condiciones para subirnos a dicha revolución, lo que implica promover procesos de transformación digital en las empresas (especialmente en las pymes), digitalización de los trámites de gobierno y fomentar el despliegue de redes de alta velocidad, robustas y resilientes, sea mediante alianzas público-privadas, concesiones o aumentando los subsidios a la oferta o a la demanda. El desarrollo social actual exige que el Estado tenga una actitud activa frente a una de las mayores revoluciones en la
historia de la humanidad.

Si hacemos un símil con los otros servicios básicos, como electricidad y servicios sanitarios, encontraremos que también ha sido el Estado quien ha definido que tales servicios lleguen a todas las personas, ya que son bienes indispensables para una calidad de vida mínima y para entregar condiciones habilitantes que permitan la superación, la movilidad social y el emprendimiento en un país. El acceso a internet se ha convertido en el otrora acceso a los servicios sanitarios, pues quien no lo tenga, quedará en una posición desmejorada respecto de quienes sí lo posean. Es en este aspecto en donde radica la actuación del Estado para fomentar la conectividad total y el cierre de la brecha digital que existe en el país. Al pensar en un Chile desarrollado al 2030 y dado los alcances e impactos que está teniendo la inteligencia artificial, el internet de las cosas, el desarrollo de la tecnología 5G y la robótica, entre otras, resulta esencial tomar decisiones en este sentido, lo que implica repensar el modelo para llegar a las zonas aisladas y, simultáneamente, modernizar nuestras instituciones, con el fin de asumir los desafíos de la revolución digital y movilizar a la sociedad entera hacia esta realidad que no es futura, sino que ya está presente hace mucho tiempo y, probablemente, aún no nos hemos dado cuenta.

Juan Luis Núñez, gerente general de Fundación País Digital

Publicado en: ediciones especiales de El Mercurio

Mujeres en la Sociedad Digital

Mujeres en la Sociedad Digital

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Desde hace algún tiempo se ha hecho tradición conmemorar el día de las niñas en tecnología, y cada año, al revisar el estado en que nos encontramos en materia de acceso, de las carreras asociadas, del mundo laboral relacionado y el interés general por el tema, nos damos cuenta de la importancia de volver
a hablar sobre él y levantarlo como tema.

Crear tecnología abre un sinfín de posibilidades, desde el aprender a pensar, a comprender el entorno, a hacerse responsable de él, hasta buscar soluciones creativas, y si todo esto lo extrapolamos a una perspectiva de género, resulta aún más poderoso pues la tecnología se presenta como una herramienta de expresión, de creatividad, de autonomía, de discurso, palabra e identidad de nosotras.

Desde Fundación País Digital, impulsamos hace varios años en conjunto con Samsung Chile la iniciativa “Programa tus Ideas”, que invita a que niños, niñas y jóvenes se conviertan en creadores de tecnología, sin distinción de edad, de clase, de origen y mucho menos de género, entendiendo la tecnología desde
su más amplia capacidad de integración e inclusión.

A través de esta iniciativa, hemos desarrollado un espacio de creación de tecnología donde no es casual que sean profesoras aquellas que más brillan, que empoderan a sus estudiantes, que toman iniciativas, que participan, que creen fielmente en el poder que esto tiene tanto para ellas como para sus estudiantes.

La implementación de espacios para el despliegue de nuestros talentos es fundamental, y lo es más aún en los colegios de Chile, porque permitirá un acceso real en todas las etapas de la vida, disminuyendo la brecha de género en materia de acceso, uso, integración e interés en tecnología.

La disposición de espacios de creación de tecnología en la educación formal a edades tempranas será, sin duda, un facilitador para que las niñas, mujeres, madres y abuelas participemos ampliamente de la sociedad digital, mejoremos nuestras oportunidades, nuestra calidad de vida y avancemos hacia una sociedad con más mujeres en tecnología.

Catalina Araya, Directora de Educación, País Digital